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Dec
19

LA NIEVE Y LOS CABALLOS

Author LUPA    Category Herraje, Turf

LA NIEVE Y LOS CABALLOS

Los caballos toleran el frio mejor que el calor, mientras dispongan del suficiente alimento. En invierno, el caballo emplea gran parte de la energía consumida en mantener la temperatura del cuerpo. En la retirada de Rusia, los caballos de las tropas de Napoleón aguantaron perfectamente temperaturas superiores a los treinta grados bajo cero, mientras dispusieron de su ración.

La nieve es problemática para el caballo no tanto por el frío, como por las dificultades que le provoca para conseguir alimento. Aunque los pies estén enterrados en la nieve, el casco del caballo no se congela, debido a un particular sistema circulatorio que dispone de unos puentes entre capilares arteriales y venosos que, abriéndose, permiten una rápida circulación de la sangre por el interior del casco, calentándolo.

Por otra parte, la nieve y el hielo se depositan sobre una gruesa y grasienta capa de pelo invernal, que preserva el calor corporal.
El principal problema de la nieve consiste en que se apelmaza y emboza los cascos. Tanto si van herrados como si no, se forman las temidas botas o tacones que producen una pisada muy inestable, siendo causa de esguinces en los ligamentos colaterales del pie. Las fuertes pendientes de los montes del norte de España, hacen que los caballos resbalen montaña abajo y se despeñen. A esto le llaman en Asturias “calzarse” y provoca varias muertes todos los años.

Generalmente, los caballos en libertad descienden a altitudes inferiores a medida que avanza el invierno y disminuye la comida en las alturas. Cuando una nevada les sorprende y aísla, suelen quedarse quietos en el mismo sitio, escarbando en el suelo para conseguir lo que sea. Si están junto a un árbol roen la corteza, e incluso se comen las crines entre ellos. El invierno puede ser cruel con los animales que viven libres en el monte y solamente sobreviven los más fuertes.

Aunque apetezca y sea atractivo, es mejor no salir a caballo cuando está nevado. Si imprescindible o pese a estar contraindicado quiere hacerse uso del caballo sobre el terreno nevado, existen algunas soluciones paliativas de los problemas descritos. El más sencillo es engrasar bien los cascos, de forma que la nieve resbale y no se deposite. Antiguamente se llenaba el hueco de la herradura con cera de abeja.

Si está previsto el paseo por la nieve, lo mejor es pedir al herrador un herraje “ad hoc”. El herrador podrá rellenar el hueco de la herradura con una almohadilla plantar acrílica, que es una solución eficaz. Puede también utilizar herraduras con el canto interno biselado que, gracias a su especial conformación, dificultan el apelmazamiento de la nieve y el barro y, finalmente, podría instalar entre el casco y la herradura una plantilla anti-nieve, que tiene un reborde con forma de tubo que impide el apelmazamiento de la nieve y de barro. No será barato, pero si muy efectivo.

Aun más peligroso que la nieve son las placas de hielo. El hielo se convierte en un verdadero peligro para el dorso del caballo y sus articulaciones, en especial para los corvejones. En países de inviernos duros se colocan en las herraduras conos de videa o ramplones, bien embutidos y fijos, o roscados y móviles.

A pesar de lo dicho, en la villa de St. Moritz, en el valle de Engadine, en Los Alpes, todos  los inviernos se practican varias disciplinas hípicas sobre el lago helado, como carreras de liso (White turf), polo,  trote invernal y la especialidad de la región : el skijorking, que es una extraña combinación de caballos y jinetes con esquíes, la carrera favorita del público. Los participantes logran alcanzar velocidades de hasta 140 kilómetros por hora a bordo de sus bobsleds.
El White turf viene practicándose desde 1907 durante tres Domingos de Febrero y se ha convertido en una verdadera atracción turística, llegando a concitar 30.000 espectadores.
Obviamente estas carreras tienen algunas diferencias con las carreras tradicionales. Por ejemplo, para poder comenzar a instalar la pista, hay que esperar a que se forme una sólida capa de hielo de al menos 30 centímetros de espesor, para que sea segura. Después se marca la pista, mientras las aplanadoras compactan la nieve sobre el hielo para que los equinos tengan un poco de agarre. Los cajones de salida  se colocan al mismo tiempo que las gradas y una hilera de casetas que contienen los vestuarios de los jinetes, sala de pesado e importantes zonas sociales.
A los caballos se les hierra con herraduras para hielo y una plantilla de silicona tal como hemos explicado y los jockeys suelen usar entre otras prendas de abrigo, un enorme par de pantuflas de neopreno que cubren las botas antes de la carrera a modo de après-ski.



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